miércoles, 17 de octubre de 2012

Análisis estético de la canción Yolanda, de Pablo Milanés

Yolanda
Pablo Milanés
Esto no puede ser más que una canción;
quisiera fuera una declaración de amor
romántica, sin reparar en formas tales
que pongan freno a lo que siento a raudales.
Te amo, te amor… eternamente, te amo.

Si me faltaras no voy a morirme.
Si he de morir, quiero que sea contigo.
Mi soledad se siente acompañada.
Por eso a veces sé que necesito
tu mano, tu mano… eternamente, tu mano.

Cuando te vi, sabía que era cierto
este temor de hallarme descubierto.
Tu me desnudas con siete razones.
Me abres el pecho siempre que me colmas
de amores, de amores… eternamente, de amores.

Si alguna vez me siento derrotado
renuncio a ver el Sol cada mañana.
Rezando el credo que me has enseñado
miro tu cara y vivo en la ventana.
Yolanda, Yolanda… eternamente, Yolanda

Presentación

De esta canción se conocen muchas versiones. Recuerdo al menos las versiones de Silvio Rodríguez, Manuel Mijares, Vicente Frenández, Guadalupe Pineda, entre varios más. En su momento significó la apertura de la nueva trova cubana –antes reservado a activistas de izquierda, renegados, rebeldes, revolucionarios…– al público masivo. Es una canción que inmediatamente prede el sentimiento, la nostalgia, la ternura.

En busca del arte auténtico

Manipulación de la expresión

La manipulación de la expresión parece estar en toda la canción, desde su estructura misma. Parece haber seguido, en este sentido, la estética de la “difícil facilidad” de la que hace gala Mario Benedetti: comparaciones sencillas, pero muy sugerentes; metáforas también sencillas aunque de gran efectividad: “tú me desnudas con siete razone y abres el pecho siempre que me colmas de amores…”
En el plano fonético, el autor dispone la canción en cuatro estrofas con versos de arte mayor (de 11 sílabas o más) y de ellas hace que rimen, aunque de forma aleatoria, algunos de sus versos. La rima imprime a la canción un carácter más serio, refinado y un halo estético.

Ambigüedad

La ambigüedad también se manifiesta a lo largo de toda la canción: la primera estrofa pregona ser una declaración de amor mientras la última alude a un enamorado nostálgico que espera paciente el regreso de su amada. Sin embargo, el texto en general, dada esa estética de la difícil facilidad anunciada antes, no ofrece muchas ambigüedades. Por el contrario, tal como lo anuncia en la primera estrofa, el artista escribió esta canción “sin reparar en formas tales /
que pongan freno a lo que siento a raudales”.  Así, la canción transcurre con un lenguaje sencillo, sin muchas metáforas; incluso, en muchas de sus frases cae en lugares comunes, quizá como la búsqueda misma de esa sencillez que pregona: Si he de morir, quiero que sea contigo”; “Mi soledad se siente acompañada”, etc.

Quizá la frase que pueda quedar más ambigua es la citada antes: “tú me desnudas con siete razones / me abres el pecho siempre que me colmas / de amores…” el significado de “siete razones” parece quedar ambiguo ya que el resto de la canción no ofrece elementos para comprenderlo.

Autorreflexividad

Dada la poca ambigüedad que presenta, la canción genera su propio significado y este se capta con facilidad, como el autor mismo prevé. Sin embargo, frases como “siete razones”, quedan ambiguas ya que no ofrecen al interior mismo de la canción su explicación; por lo que carecen de autorreflexividad. La explicación más plausible parece ser la de que la frase alude a los siete días de la semana, aunque ello no queda evidenciado en el resto de la canción.

Hipercodificación

El código que parece general todos los demás parece ser el del amor. En este sentido, la canción reproduce el código del amor más convencionalizado en nuestra sociedad al asumir a este sentimiento como eterno, platónico, de entrega total. En sus estrofas se colige un enamorado totalmente entregado e ese sentimiento y una idealización de la amada que remite a los grandes amores de la historia; Laura (de Petrarca) Julieta (de Romeo) Beatriz (Dante), etc. Por lo tanto, domina un código convencional en relación con el amor.
Otro código (un tanto más sutil para detectar) es el de esa estética de lo sencillo, como reminiscencia de los poetas revolucionarios de los cuales la nueva trova cubana retoma muchos elementos artísticos e ideológicos.
Cada estrofa reajusta el código del amor hacia diferentes vertientes del mismo: la segunda estrofa alude a un c´digo social: el amor es la compañ+oia necesaria de la amada. La tercera estrofa está codificada en código psicológica: el amor como timidez.
Hay un código cosmológico que corona la cuarta estrofa y que ubica al autor, su amor y su nostalgia como parte integral de la naturaleza misma: renuncio a ver el Sol cada mañana (…) vivo en la ventana.

Idiolecto estético

Al relacionar todos los códigos que la integran nos percatamos de que la obra no logra construir su propio código. Todos los códigos usados para construir su sentimiento amoroso son convencionales y no aportan ningún elemento que nos lleve a concebir el amor de una forma diferente. Incluso, en el caso confeso de buscar esa facilidad para decir una declaración de amor, esta por momentos llega a revestirse de algunos elementos que originan cierta expectativa de estar ante una diferente forma de decir “te amo, eternamente te amo”

Un amor convencional

La ausencia de originalidad y la presencia de frases totalmente convencionales permiten afirmar que esta canción no ofrece un idiolecto estético, por lo que no puede ser considerada como obra de arte. Por el contrario, el autor queda atrapado dentro de los convencionalismos para sentir y expresar el amor. Por ello, tampoco podemos observar una nueva visión del mundo.

Complicidad

La complicidad es necesaria en esta obra como en cualquier mensaje lúdico. Escuchar esta canción significa adentrarnos en el sentimiento que transmite y sentirnos plenamente identificados con él. La canción exige esa complicidad desde el principio y es honesta cuando anuncia una declaración de amor romántica y sencilla a la vez. El ser cómplices nos permite disfrutar de esa sencillez y no reflexionar, en una primera instancia, acerca de la naturaleza estética o no de la canción. Simplemente nos conduce a un disfrute que ha deleitado a millones de amantes de la música de este cantautor, uno de los más emblemáticos de la nueva trova cubana.

Actitud crítica

Esta obra no conduce a una actitud crítica. Se queda dentro de las frases triviales que inundan la mayoría de canciones de amor. No despierta nuevas interpretaciones acerca del amor ni nuevas formas de expresarlo.

Por lo anterior, está claro que Yolanda, esa canción que durante décadas ha sido coreada en todos los países de habla hispana, no es más que una mentira estética. Veamos por qué.

Un arte de a mentiras


Cultura de masas

Si hay una canción que verdaderamente representa esa necesidad de las “masas” por sentir que está ante una canción diferente, es esta. Yolanda fue grabada inicialmente por Pablo Milanés y luego, en un recital, por su colega de fórmula Silvio Rodríguez. Desde entonces abanderó esa nueva búsqueda del público rebelde pero masificado e integrado en una sociedad que creía criticar. Después, en México, fue grabada por Guadalupe Pineda, una cantante “conversa” que inició como vocalista de un grupo de música de protesta. Esta canción fue el primer sencillo de un álbum con refritos de canciones comerciales tradicionales mexicanas y latinoamericanas. Tras ella vino un aluvión de interpretaciones plásticas de la misma; principalmente las versiones de Mijares y Vicente Fernández dan muestra de ello. Desde entonces se han sucedido una serie ya grande de nuevas versiones que convirtieron la canción en un fetiche de la nueva trova cubana.
Obviamente, esta canción dista mucho de ser la mejor expresión estética de la nueva trova. Sin embargo, fue usada por la sociedad de consumo para “des-revolucionarizar” la propuesta estética de este movimiento artístico inciado hacia los 70 y que, de alguna manera, sigue dominando la escena dentro de las búsquedas alternativas a la sociedad de consumo. Fetichizar esta canción significó, en gran medida, crear una versión mass-mediática de toda la nueva trova.

Prefabricación de efectos

Quizá el propio Pablo no fue consciente de ello, pero esta canción evidencia una necesidad de crear ciertos efectos sentimentales en sus escuchas. Sobre todo la versión original, con arreglo de violines, crea un aurea de sentimentalismo extremo y predispone a escuchar una canción excesivamente tierna, romántica y profunda.

Reiteración de estímulos

Las cuatro estrofas que componen esta melodía reiteran el mismo elemento, tan efectivo en la primera estrofa, pero tan evidente en las siguientes. El estímulo estético inicial busca su efectividad en la presentación atípica –dentro del universo de la música comercial o plástica– de formas sencillas, desprovistas de artificios retóricos rebuscados. Sin embargo, continúa con esa fórmula, la reitera varias veces y la hace evolucionar hacia lugares comunes, frases hechas e imágenes sentimentaloides.

Mentira artística

Pablo Milanés es promovido como un auténtico artista. Es uno de los iconos de la Nueva Trova Cubana y uno de los iniciadores de esa tradición músco-poética que ahora ha devenido en el género llamado “trova”, gracias a sus aportes iniciales. Sin embargo, su música pronto encontró un asidero comercial muy bien explotado por los mercadólogos de la izquierda y de la música. La figura de este cantante pronto fue “fetichizada” y muchos artistas han acudido a grabar dúos con él para ser pringoteados con su fama de artista: Miguel Bosé, Tania Libertad, Ricardo Arjona, Juanes, entre una larga lista de cantantes comerciales. Lo mismo han hecho artistas de la trova de la talla de Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Pablo Guerra, Fito Paez, Víctor Manuel, etcétera.
Si a Arjona se le promociona como artista dentro de un público netamente plástico (balada pop, para llamarle de forma más elegante), a Milanés se le promueve como el poeta de la trova y, obviamente, como el maestro en el arte de musicalizar versos o versificar melodías.
La canción Yolanda, en concreto, el un icono que no puede faltar en las veladas de trova y se convirtió en una insignia de la música de protesta; como lo es en el campo de la poesía el poema “Te quiero”, de Mario Benedetti. Sus arreglos sentimentaloides, su aureola de poema hecho canción, su pregón de un amor sublime hacen pensar que se promueve, como toda la producción de este trovador, como una obra de arte. Sin embargo, ya vimos que no lo es. Sin embargo, tranquiliza a quienes la escuchamos (y cantamos y gritamos y coreamos) haciéndonos sentir que estamos ante una experiencia artística diferente, novedosa y sublime.

1 comentario:

Alejandro Martínez Gómez dijo...

Mentira artística para ti, Verdad concluyente para otros, blanco o negro, sin gris por en medio, sin duda, solo una entre mil mentiras, esta composición es aquello que entre millones de humanos ni a ti ni a mi, se nos hubiera ocurrido o dado, escribirlo como el lo ha logrado.